Roberto
- Mimi Unnie
- 2 feb
- 3 Min. de lectura
Se despertó desconcertado y perdido, no entendía lo que estaba pasando. Le dolía la
cabeza y la luz le molestaba los ojos, lo único que podía escuchar a lo lejos era una
melodía que después se transformó en un jingle: “El fonógrafo música ligada a tus
recuerdos”
En ese momento, una mujer mayor se acerco a él, llevaba un traje blanco y un gafete,
cuando la vio, ella lo miro con una cara sorprendida y dijo: “¡Hasta que por fin
despierta!”. El hombre se trató de mover, pero en el momento que lo hizo, un dolor de
cabeza muy fuerte lo paralizo. En ese momento, sintió toda su cabeza vendada. Se
asusto, pero inmediatamente se tranquilizó al ver que estaba en un hospital.
“Llevas días sin despertar”. Menciono la que suponía era una enfermera. “El accidente fue muy duro”. Le comento la enfermera mientras lo cubría. “¿Accidente?” Preguntó confundido aquel hombre. “Si, accidente, estabas en la Plaza de Toros México de aquí de Jalisco, cuando de pronto uno de tus amigos te reto a subirte a un toro. Tú lo hiciste para demostrar tu hombría, pero menos de cinco segundos después de que te subiste al toro, estabas en el piso con una contusión y un charco de sangre a tu alrededor, todos pensaban que te habías muerto”.
Él se sentía aún más confundido que al principio, así que pregunto, “¿Cómo sabe todo
eso? La enfermera lo miro y esbozo una sonrisa, como si aquel hombre fuera un niño
que dijo algo tierno “Pues porque fue noticia, no todos los días un tonto se sube a un
toro y además queda al borde de la muerte, después de eso” El hombre se sentía
avergonzado después de lo que dijo su enfermera, sin embargo. Se sintió más tranquilo pues pensaba que quien quiera que lo conocía iba ir por él al hospital pronto.
Tristemente, eso nunca sucedió nadie fue por él, nadie lo fue a visitar, todos en el
hospital, murmuraban cuando lo veían pues no tenía a alguien que se preocupara por
él. Se hubiera sentido abandonado, si hubiera recordado algo. Tal vez, sus padres
habrían muerto y él era soltero. Existía la posibilidad de que él fuera un mal hombre y por eso nadie lo iba a ver. La realidad es que nadie sabía y pasaron día que luego se
volvieron en semanas, sin que nadie lo fuera a ver.
Todos estaban preocupados el día de su alta, por protocolo se necesitaba que un
familiar el paciente fuera por él al hospital, pero en este caso lo dejaron ir solo ya que
nadie se había presentado a verlo, él estaba mejor y sinceramente el hospital
necesitaba la camilla, así que lo dejaron ir sólo, aunque nadie sabía que iba a pasar
con él.
Cuando salió del hospital el solo pudo ver hacia al horizonte y caminar sin rumbo,
esperando que su memoria muscular lo llevara hacia su hogar. Camino y camino por horas, hasta que llego al pueblo vecino. Ahí vio una casa pequeña pero que parecía
acogedora.
Sintió un miedo enorme cuando estuvo frente aquella casa. “¿Qué tal que nadie aquí
me reconoce o nadie sabe quien soy? ¿Cómo podrían saber quién soy, si ni yo mismo
sé quien soy?” Mientras pensaba si tocar la puerta o no, una mujer salió de aquella
casa. Era la mujer más hermosa que hubiera visto. Era tan bella que creyó que estaba
alucinando.
De la nada, la mujer lo vio ahí en la entrada con sus preciosos ojos color café. Él sintió
como un escalofrío recorría su cuerpo cuando sus ojos se encontraron y de un
momento a otro, se dio cuenta que la mujer corrió hacia él para abrazarlo y mientras lo hacía gritaba: “¡Roberto!”. De pronto cuando ya la tuvo cerca, la mujer lo abrazó, lo
tomó del rostro dijo una última vez: “¡Roberto!” y comenzó a llorar, en ese momento lo beso y entonces él recordó todo.

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